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¿Te sientes atrapado en un trabajo que no te gusta? ¿Te gustaría lograr cosas mejores en tu vida? ¿Necesitas la guía o la motivación que te ayude a salir de esta situación? Entonces esta columna está escrita especialmente para ti. Pero, antes de continuar me gustaría dejarte saber quién soy y cuál es el motivo de esta columna. Antes que nada debes saber que no soy ni psicóloga ni experta en orientación profesional. No, yo soy una estudiante en la Universidad de Arizona terminando mi doctorado en Farmacología y Toxicología. Y el motivo por el que decidí escribir esta columna es porque yo también estuve en una situación difícil al llegar a los Estados Unidos y logre salir adelante a pesar de todo. Además creo que es importante conocer la historia de otros latinos que han alcanzado el éxito en este país, aprender de sus experiencias, y usar estas historias como motivación para luchar para lograr nuestras aspiraciones profesionales. Por esta razón, cada mes estaré escribiendo la historia de un latino(a) que ha logrado el éxito aquí en los Estados Unidos. Así que espero me acompañes a conocer a estas personas, a aprender de las estrategias que ellos diseñaron para lograr sus metas y las lecciones que ellos aprendieron en el proceso. Y como dicen que el buen juez por su casa empieza, pues voy a empezar contando mi propia historia.
Yo llegue a los Estados Unidos en 1996 con nada más que el sueño de triunfar. No sabía inglés, y como resultado eran pocos los trabajos a los que realísticamente podía aspirar. Una amiga de mi pueblo me ayudó a conseguir un trabajo de recamarera en el hotel en que ella trabajaba. Yo estaba muy contenta cuando me dieron el trabajo. Estaba recibiendo un sueldo fijo y esto me hacía sentir muy bien. Sin embargo, limpiar de 14 a 18 baños todos los días no me caía nada en gracia. Además de eso, al pasar un tiempo las venenosas de mis compañeras de vivienda, que también eran mis compañeras de trabajo me empezaron a hacer la vida difícil. Un día discutimos tanto que después de eso me di cuenta que esa no era la vida que yo quería para mí. Yo no había dejado mi país para venir a vivir una vida miserable. No, mi sueño era triunfar y ser feliz. Mi sueño no era el de trabajar el resto de mi vida como una recamarera. Yo quería lograr mucho mas y, en el proceso ayudar, a mi gente, a mi comunidad. Ese día recordé mi sueño de continuar mis estudios y llegar a ser una bióloga. Yo sabía que tenía la capacidad y que yo tenía que hacer era encontrar el valor de salir a buscar las oportunidades que me ayudaran a llegar a mi meta. Muchas de mis amistades no creían en mi. Pensaban que las probabilidades de que una pueblerina como yo pudiera ir de recamarera a científica eran pocas o nulas. La verdad es algunas a veces yo también dudaba de que lo pudiera lograr. Pero, como no tenía nada que perder y mucho que ganar, decidí tomar el riesgo y hacer un plan para convertir mi meta en una realidad.
Y así lo hice. Decidí que iba a convertirme en toda una científica, y diseñé un plan para lograrlo. La verdad es que al principio no sabía todos los pasos necesario para alcanzar mi meta, pero si tenía fe que en el proceso el camino se haría evidente. Lo que sí sabía era que primero tenía que aprender inglés y regresar a la escuela. El inglés sería mi llave al éxito, así que decidí practicar inglés cada vez que tenía la oportunidad. Al principio, me avergonzaba el no poder hablar inglés correctamente; sin embargo, yo fingía que no me importaba hasta que un buen día ya realmente no me importaba si lo hablaba o no correctamente. Lo importante era que me podía comunicar. De cualquier manera, yo hablaba español perfectamente bien, y no tenía nada de que avergonzarme de estar aprendiendo otro idioma.
También sabía que en la primera oportunidad tenía que mudarme a una ciudad donde hubiera una Universidad. Así, que al cumplir un año como recamarera en el hotel, renuncie y me mudé a Tucson a casa de una prima. Yo me imaginaba estudiando en la Universidad de Arizona. Pero la primera vez que visité la Universidad de Arizona, me sentí muy intimidada. La Universidad era varias veces más grande que mi pueblo en México. Así que opté por empezar a tomar clases en el Pima Community College, el cual era más chico y menos intimidante para mi.
En el colegio empecé a tomar clases de inglés, y tan pronto como pude me registré en mi primera clase de biología. Fue entonces que empecé a notar que algunos de mis compañeros de clase trabajaban en el laboratorio de biología ayudando a los maestros. Y me di cuenta que esa era la oportunidad que yo estaba buscando. En otras palabras ese era el siguiente paso que tenía que tomar para acercarme un poquito más a mi meta. Así que yo también empecé a trabajar allí. El haber identificado esa oportunidad fue clave para que yo pudiera haber llegado a donde estoy hoy porque allí fué donde me enteré que había becas para que le daban la oportunidad a los estudiantes de pasar un verano trabajando para un científico en la Universidad de Arizona. Me emocionaba la idea pero, a la misma vez, me daba miedo ser rechazada. Yo aun no hablaba muy bien el inglés. Pero, aún así, mande mi solicitud.
Ese verano lo pase trabajando en el laboratorio de Dr. Robert P. Erickson, un reconocido pediatra que estudia la causa genética de algunas enfermedades pediátricas. Mi experiencia en el laboratorio fue tan fascinante y tan satisfactoria que desde entonces supe que eso era a lo que yo me quería dedicar. Cuando entre a la Universidad de Arizona, busque becas que me ofrecieran oportunidades similares. Así fue como me hice parte de programas como el McNair Achievement Program y el Minority Access to Research Careers (MARC) los cuales proveen mentores y ayuda para estudiantes no privilegiados como yo. Estos programas no solo proveen apoyo financiero, sino que también me hicieron sentir como en familia y eso hizo mi experiencia en la universidad muchísimo mas agradable y llevadera. Gracias a estos programas y especialmente a la gente que los dirige, yo me pude graduar con un entrenamiento muchísimo mas completo de lo que yo me hubiese podido imaginar y con la determinación de alcanzar otras metas y seguir progresando.
Hoy en día, me encuentro trabajando en el último proyecto para obtener my doctorado en farmacología y toxicología. Desde aquí, el futuro se ve muy prometedor. Al terminar mi doctorado podre trabajar en una compañía farmacéutica investigando la eficacia del próximo medicamento contra el cáncer o estudiar los efectos tóxicos que los pesticidas agrícolas tienen en los trabajadores del campo aquí en estados unidos, muchos de los cuales son latinos que como yo llegaron a este país en busca del sueño americano. La verdad es que no fue fácil, pero ha valido la pena porque hoy yo estoy en una posición de tener un impacto positivo no solo en mi comunidad latina sino que también en la comunidad en general.
Espero que después de leer mí historia, tú también reflexiones y que te imagines viviendo tu sueño profesional y personal. Atrévete a soñar. Haz un plan para llegar a realizar tus sueños y escribe en un papel todos los pasos necesarios –ya sean chicos o grandes –para lograr tus metas. Empieza a decirles a otros sobre tus planes y aspiraciones. Uno nunca sabe de dónde va a venir esa oportunidad que estas buscando. Pide ayuda. Y, aunque tengas miedo, sigue adelante. No dejes que el miedo te detenga. Y por último, recuerda siempre dar lo mejor de ti, ser persistente y nunca rendirte. Suerte!
Verónica González |
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